La política europea sobre inteligencia artificial hoy se parece a los primeros días de la COVID. Las líneas de tendencia muestran que estamos ascendiendo rápidamente por una curva exponencial y, con el anuncio de Claude Mythos Preview de Anthropic, los líderes europeos empiezan lentamente a darse cuenta. La IA ya escribe la mayor parte del software en los principales laboratorios de inteligencia artificial, empieza a dirigir su propia investigación y está redefiniendo la ciberseguridad. Dentro de poco alterará los mercados laborales, la guerra y el equilibrio global de poder. La última vez que una tecnología transformó la vida de forma tan profunda como está a punto de hacerlo la IA, la llamamos Revolución Industrial.
La mayor parte de Europa todavía no ha asimilado la velocidad ni la magnitud del cambio que se avecina y quienes sí lo han hecho no lo están diciendo con la suficiente claridad. Resulta más cómodo confiar en que la IA acabará disipándose de algún modo, que sus riesgos no llegarán a materializarse o que la inteligencia estratégica bastará para sustituir los sacrificios difíciles que exige seguir siendo relevantes en un mundo que cambia a gran velocidad. Pero este no es un momento para hacer política como siempre.
Europe 2031 es un intento de explicar lo que Silicon Valley está viendo y Europa no. Pero también es un intento de sacudir al continente y empujarlo a actuar, para que podamos seguir teniendo voz sobre nuestro propio futuro.
Nuestra historia comienza en enero de 2025, con el lanzamiento público del modelo R1 de DeepSeek, y se extiende hasta marzo de 2031, momento en el que Europa ha perdido casi por completo la capacidad de trazar su propio rumbo. Concluye con un epílogo ambientado en 2034, que mira atrás hacia las decisiones que llevaron a Europa a deslizarse hacia la irrelevancia y hacia las alternativas que todavía están disponibles hoy, en junio de 2026.
La historia que planteamos no pretende ser una predicción. Pero hemos intentado que sea internamente coherente, técnicamente sólida y rastreable hasta dinámicas que ya son visibles hoy. Las fechas exactas y los acontecimientos concretos no son lo importante; lo importante es que el tipo de futuro que describimos es lo bastante plausible como para que nos lo tomemos muy en serio.
Una cosa es leer de forma abstracta sobre el posible impacto de la IA. Otra muy distinta es sentirlo en los huesos. Por eso hemos escrito Europe 2031 como una historia con forma de novela corta, contada a través de los ojos de dos personajes ficticios. Aun así, hemos procurado que los acontecimientos que viven sean lo más realistas posible y no pretendemos escudarnos en la ficción para evitar la crítica. Casi con toda seguridad nos hemos equivocado en algunas cosas y agradecemos sinceramente cualquier comentario de fondo. Si esta historia consigue abrir un debate más amplio y urgente sobre la IA transformadora y sobre el papel de Europa en esa transición, habremos logrado buena parte de lo que nos propusimos.
Europe 2031 ha sido escrito por un pequeño grupo de investigadores de IA, analistas de think tanks e inversores que han dedicado su carrera al cruce entre la IA de frontera y la política europea. Entre nosotros hay quienes han asesorado a líderes políticos, ayudado a dar forma a la legislación europea sobre IA, coescrito estrategias nacionales de IA para Alemania y Países Bajos, construido modelos de IA de frontera, invertido en empresas europeas de IA punteras y contribuido al equipo principal de redacción del International AI Safety Report.
Todos los colaboradores han participado a título personal, y las opiniones expresadas no reflejan necesariamente las de sus empleadores o afiliaciones actuales o pasadas.
Queremos dar las gracias a una serie de personas sin las cuales Europe 2031 no habría sido posible. Ninguna de ellas está necesariamente de acuerdo con los acontecimientos y las recomendaciones que describimos, y cualquier error es solo nuestro.
En primer lugar, a Tom Chivers, cuya escritura convirtió un escenario árido en una historia atractiva y un placer de leer, y que grabó la versión en audio del relato.
En segundo lugar, a Daniel Kokotajlo, Thomas Larsen y al resto del equipo del AI Futures Project. AI 2027 fue una gran inspiración para nuestro trabajo, y esperamos haber hecho justicia al formato que introdujeron (Europe 2031 no está afiliado a AI 2027 de ningún modo).
En tercer lugar, a Anton Leicht, cuyas aportaciones estratégicas dieron forma en buena medida a la trama final.
En cuarto lugar, a Chloé Touzet y Bálint Pataki, cuyo conocimiento político e institucional hizo el escenario mucho más realista.
En quinto lugar, a Katy Sexton, cuyo apoyo en comunicación y difusión mediática fue decisivo para ayudar a que Europe 2031 llegara al público que esperábamos.
Queremos dar las gracias además a las siguientes personas por su ayuda y sus comentarios:
Ben Harack, Daniel Privitera, Harry Law, Henry Papadatos, Jaime Sevilla, Jan-Willem van Putten, Oscar Delaney, Philip Trippenbach, Pieter Garicano, Sander Volten, Charles Martinet y Tim Rocktäschel.
Hemos escrito esta historia porque nos importa profundamente Europa y porque creemos que una Europa fuerte es importante para un mundo mejor. No nos interesa ni el bombo ni el cinismo. No pocas personas inteligentes y bien informadas de Silicon Valley ya han dado por perdido al continente, convencidas de que su declive es definitivo e irreversible. Algunos de nuestros colegas en Estados Unidos nos preguntan por qué no nos mudamos a California mientras todavía podemos. Nos negamos a aceptar ese destino. Aunque sus argumentos son persuasivos, creemos que descartan demasiado rápido las fortalezas de Europa. Creemos que Europa todavía puede dirigir esta tecnología, en lugar de ser dirigida por ella, pero solo si encuentra la voluntad de hacerlo. Esperamos que este escenario ayude a reunir esa voluntad.
Las señales más claras sobre lo que viene a continuación en la IA proceden de una densa red de élites de Silicon Valley, círculos que los europeos a menudo miran con recelo y prefieren ignorar. San Francisco alberga a muchos expertos en IA inteligentes y bienintencionados. Pero también alberga a unos pocos CEO de las grandes tecnológicas que han llevado a cabo acciones moralmente repugnantes, han hecho afirmaciones objetivamente falsas en el pasado y se benefician generosamente del auge de la IA. Nada de eso, sin embargo, los hace estar equivocados sobre la IA; de hecho, sus predicciones han envejecido mucho mejor que las de los escépticos europeos de la IA. Creemos que es vital seguir escuchando a las personas más cercanas a la tecnología, pese a sus intereses en conflicto. Debemos examinar con lupa sus afirmaciones, pero no descartarlas sin más. Que las empresas de IA digan que hace sol no significa que esté oscuro afuera.
Somos conscientes de que nuestro escenario se centra casi exclusivamente en la soberanía europea y solo aborda de forma somera muchos otros aspectos de la transición de la IA, algunos de los cuales son posiblemente más apremiantes. Ha sido algo deliberado. Creemos que Europa debe preservar su capacidad de actuar y su palanca si quiere hacer algo en absoluto, lo que incluye mitigar los riesgos de la IA.
Emprendimos este proyecto en parte porque pensamos que una Europa más empoderada conducirá, en el margen actual, a una transición de la IA más segura y mejor. Europa tiene un sólido historial como defensora de los derechos y valores fundamentales, también en materia de IA. Apoyamos firmemente el Código de Buenas Prácticas para la IA de Propósito General de la Ley de IA, y el proceso liderado por expertos de la UE que condujo a él. Creemos que una Europa fuerte puede actuar como un contrapeso más responsable y de suma positiva frente a las grandes potencias, mientras que una Europa débil no puede.
Ya hemos hablado con franqueza sobre la seguridad de la IA en otras ocasiones. Para evitar cualquier malinterpretación, seamos muy claros: creemos que existe una posibilidad seria de que la IA avanzada salga muy mal, ya sea por uso indebido cibernético o biológico, por una concentración extrema de poder o por un fracaso a la hora de alinear los sistemas de IA con los valores humanos. En los peores casos, esto podría conducir a la extinción de la humanidad o a su pérdida permanente de poder.
Estos riesgos se debaten ampliamente, también en obras de referencia como el International AI Safety Report. Nuestra historia no es en absoluto un intento de restarles importancia. Más bien, esperamos empoderar a Europa para que pueda, entre otras cosas, mitigar estos riesgos desde una posición de fuerza.
La mayor parte del trabajo en este escenario lo realizaron personas en su tiempo libre. Arq Foundation —donde trabajan los coautores Daan Juijn y Alex Petropoulos— aportó una financiación limitada para cosas como un sitio web y la traducción profesional. No hemos recibido ninguna financiación de la industria de la IA y no tenemos ánimo de lucro. El grupo de autores abarca deliberadamente a analistas de think tanks, académicos, investigadores técnicos e inversores, para reunir una amplia variedad de perspectivas.
Devolverle a Europa su capacidad de actuar será un esfuerzo hercúleo. Aunque muchas personas ya trabajan duro en ello, hacen falta muchas más voces: desde líderes de opinión y constructores de comunidad, hasta la generación de ideas de investigación y la definición de agendas, pasando por operadores políticos sobre el terreno y financiadores que aceleren todo lo anterior. Para poner en marcha este campo necesitamos talento, capital e ideas. Si tienes uno de ellos, pero te faltan los demás, ponte en contacto con nosotros en [email protected] e intentaremos ponerte en contacto con colaboradores y financiadores filantrópicos interesados en este ámbito. Ya estamos en contacto con varios.
Si has detectado algo que se nos haya pasado, quieres hablar con alguno de los autores o tienes una pregunta que no aparece respondida arriba, escríbenos abajo o a [email protected].